domingo , 17 octubre 2021
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La antigua estación Muñiz demolida sin razón

El autor cuenta la historia de la instalación ferroviaria de arquitectura inglesa que dio nombre a un pueblo de General Sarmiento.

Hay ciertos edificios públicos que, por sus características o funciones sociales, se transforman de manera natural en verdaderos símbolos de identificación colectiva. Así ha sucedido durante más de un siglo con la vieja y querida estación Muñiz del Ferrocarril San Martín, hoy lamentablemente demolida.

La historia de este emblemático edificio ferroviario arranca durante el último tercio del siglo XIX; por entonces la empresa de capitales ingleses “Buenos Aires and Pacific Railway” extendía sus vías con el ambicioso plan de conectar los puertos de ultramar de Valparaíso (Chile) y Buenos Aires (Argentina).

Esta monumental obra de ingeniería ferroviaria contemplaba el proyecto de enlazar, a través de una serie de combinaciones con otras empresas -como el Ferro Carril del Oeste, el Ferrocarril Andino y Ferrocarril Transandino- los estratégicos océanos Pacífico y Atlántico.

Foto de época de la estación Muñiz.
Foto de época de la estación Muñiz.

Luego de las necesarias concesiones gubernamentales, la nueva linea férrea de trocha ancha (1,676 m) atravesó finalmente con sus rieles de progreso las provincias centrales de Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, ampliando el comercio, fundando pueblos y transportando en tiempo récord pasajeros y carga, como por ejemplo vinos y frutos desde la región de Cuyo hasta Buenos Aires.

El trabajo de línea se inició formalmente en julio de 1882; solo dos años después la B.A.P. inauguraba la Estación Junín – donde instalaría sus grandes talleres de mantenimiento- y el 2 de octubre de 1886 se abría al público el enlace clave entre las ciudades de Villa Mercedes (San Luis) y Mercedes (Buenos Aires).

Tiempo después y por disposición del Estado Nacional se permitió finalmente a la linea Buenos Aires al Pacífico ingresar a la Capital Federal; fue un 20 de marzo de 1888 cuando se inauguró oficialmente el tramo final entre las estaciones Mercedes y Palermo.

Volviendo a nuestra recordada estación y haciendo un poco de historia local, diremos que fue el ingeniero y agrimensor francés Adolfo Sourdeaux (1819-1883) el fundador visionario de los actuales pueblos de San Miguel y Bella Vista; siendo esta última localidad destino residencial de acaudaladas familias francesas de Buenos Aires.

Desde el andén, la estación Muñiz del ferrocarril San Martín.
Al atravesar las vías por el centro de ambas localidades bonaerenses se produjo una dura puja entre sus vecinos para obtener de las autoridades del Ferrocarril Buenos al Pacífico la futura ubicación de la nueva estación. Finalmente la empresa, en una decisión salomónica, decidió construir la estación Muñiz pero en una zona equidistante entre San Miguel y Bella Vista.

La nueva instalación sumaría a través del tiempo una amplia playa ferroviaria, un generoso galpón de acopio y, a partir del año 1902, estuvo al servicio de la vecina Guarnición de Campo de Mayo y de sus grandes maniobras militares realizadas en el interior del país.

Debemos señalar que Muñiz fue la primera estación del flamante partido de General Sarmiento, fundado en 1889. Fue un 25 de marzo del año 1888 cuando entre flamear de banderas y vivas de los vecinos, se detuvo resoplando la primera locomotora a vapor en Muñiz.

La estación Muñiz del San Martín, símbolo de un pueblo.

A partir de ese momento y alrededor de la pequeña estación con su única vía, se fue formando el nuevo pueblo con una identidad propia bien definida y el marcado orgullo vecinal expresado en la conocida frase de todos: “Soy de Muñiz”.

De esta manera y en forma natural, sin ceremonia fundacional o decretos gubernamentales, se fue conformando el nuevo “Pueblo de Muñiz”, el cual jamás tuvo la importancia comercial de la vecina San Miguel o la elegancia residencial de Bella Vista, pero fue definitivamente la “patria chica” donde se afincaron numerosas familias de criollos e inmigrantes, en su mayoría obreros, técnicos y empleados, muchos de los cuales viajaban diariamente rumbo al trabajo en Buenos Aires.

Pongo como uno de tantos ejemplos a mi familia, que se radicó en el pueblo de Muñiz en 1950. Veníamos del porteño barrio de Villa Devoto y fue aquella estación, de elegante arquitectura inglesa, reloj puntual y gran tanque de agua, el símbolo mismo de nuestra pertenencia local, para mis padres y hermanos y durante más de medio siglo fue definitivamente “nuestra” estación. ¡Si hasta en uno de sus bancos sufrí mi primera desilusión amorosa por la bella y pelirroja Silvia !

El galpón de acopio de la estación Muñiz.
Aún recuerdo el largo convoy con sus vagones de madera marrón oscuro, donde los tres primeros coches correspondían a la primera clase, con elegantes asientos tapizados y cuyos usuarios eran mayoritariamente oficinistas o empleados bancarios rumbo a la City. En contraposición, los últimos tres correspondían a segunda clase, con duros asientos de madera en varillas para obreros y personal de servicio.

La injusta diferencia radicaba en el precio del pasaje y, transitando por sus vagones, los guardas de gris iban “picando” boletos y abonos mensuales, a veces acompañados del severo inspector de uniforme azul.

Por aquellos estrechos andenes de la vieja Estación Muñiz y durante 127 años transitaron generaciones y generaciones de vecinos; como olvidarnos de la estrecha sala de espera -tan necesaria en los crudos inviernos- con la ventanita de la boletería, el pequeño kiosko de diarios, revistas y golosinas o la conmovedora placa de bronce homenajeando a quién perdió su vida por rescatar a una infortunada mujer caída en las vías.

La estación Muñiz, ya remodelada.
Y de repente nos golpeó la más dolorosa de las sorpresas, pues en forma veloz e inconsulta hacia la población de Muñiz, las autoridades del nuevo Ferrocarril San Martín decidieron demoler completamente este querido símbolo, construyendo en su reemplazo un adefesio con materiales de tan baja calidad que ya nos indican cuan corta será su vida útil.

La excusa para esta destrucción insensata fue la adecuación para el tránsito de la nuevas formaciones de fabricación china, con vagones de mayor altura con relación a los bajos andenes existentes.

Sin embargo, por la gran extensión de la mencionada playa ferroviaria -actualmente en desuso- se podría haber compaginado lo nuevo con lo antiguo. Inclusive la inteligente preservación del histórico edificio hubiera funcionado perfectamente como sede para un museo histórico local, institución de urgente necesidad cultural en el actual partido de San Miguel, que no cuenta con ninguno.

La estación Muñiz recibe ahora nuevos vagones de fabricación china. Foto: Juan José Traverso
La estación Muñiz recibe ahora nuevos vagones de fabricación china. Foto: Juan José Traverso

Vemos una vez más que en nuestro país es más fácil demoler que preservar; comprobamos como el valioso patrimonio arquitectónico desaparece por decisión de un indiferente y lejano burócrata.

Ante el hecho consumado y a pesar del tiempo pasado, repudiamos esta lamentable demolición, la cual nos privó definitivamente de un edificio patrimonial que fue de enorme valor como referente para nuestra memoria colectiva.

Como uno de los pocos recuerdos de aquel conjunto ferroviario, todavía se mantiene en pie el antiguo galpón de acopio con sus grandes puertas corredizas de madera; realmente temblamos ante la posibilidad que otro implacable burócrata sentado en su cómodo sillón decida su demolición… ¡porque sí !

Hoy, como nostálgico recuerdo, solo nos quedan las antiguas y frágiles fotografías sobre aquella querida Estación Muñiz, ¡la misma que un día nos robaron para siempre!

Fuente: Clarín

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